Vivimos una temporada en donde hay un fuerte énfasis en aquello que no solo sabemos lo que somos, sino en aquello que mostramos y manifestamos.
Nunca dejaremos de proclamar la victoria eterna de la cruz, pero tampoco dejaremos de manifestarla.
Sin dudas los pensamientos de Dios son mas altos que los nuestros, y al decir esto, muchas veces caemos en un tipo de conclusión “gloriosa”, creyendo que ese “pensamiento mas alto” tiene que ver con un tipo de pensamientos mucho mejor que el nuestro, desde la perspectiva humana, terrenal y animal. Pero no. Los pensamientos altos, son transversales a los pensamientos bajos. Un pensamiento alto brota de una visión celestial. Es la visión celestial la que da a luz los pensamientos altos y esos pensamientos, cortan y frustran nuestros pensamientos bajos y terrenales. Podemos decir que la frustración, es una de las primeras evidencias que dan la bienvenida al rompimiento de nuestros pensamientos terrenales.
La Navidad la celebramos todos los días, cuando decidimos no vivir para nosotros, sino para aquel que murió y resucitó por nosotros.
Navidad es vivir como él vivió. Despojándonos cotidianamente del status. Renunciando a privilegios que solo traen beneficios personales. Viviendo una genuina humildad. Siendo siervo de todos. Amando mas “la toalla” que “el manto”. Viviendo una vida de profunda sensibilidad a la voz de Dios, para así corresponder con obediencia inmediata.