
Hablar acerca de uno mismo nunca resulta sencillo, y tampoco es lo que más me interesa. Pero entiendo que quienes llegan a este sitio pueden querer saber quién está detrás de estas palabras.
Nací en Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina, y tuve el privilegio de crecer en un hogar donde Cristo no fue simplemente alguien de quien se hablaba, sino Aquel a quien mis padres procuraron honrar con sus vidas. Ellos marcaron delante de mí una senda derecha, y muchas de las cosas que hoy valoro acerca de Cristo, de la familia y de la vida fueron sembradas allí, mucho antes de que pudiera comprenderlas plenamente. Hoy, con Vicky, mi esposa, tengo el privilegio de haber formado un hogar y somos padres de dos hijos, Samy y Giuly. Mi familia ocupa un lugar fundamental en mi vida y es también uno de los ámbitos donde sigo aprendiendo, cada día, acerca del amor, la paciencia, el servicio y la gracia.
Hoy entiendo mi relación con Dios como un caminar con Él. No como algo que alguna vez comenzó y quedó resuelto, ni como una posición que pueda considerar alcanzada, sino como un largo camino hacia Él. Un camino en el que sigo aprendiendo a vivir en Él, por Él y para Él.
He descubierto que la vida cristiana es mucho más que aprender acerca de Dios, sostener determinadas convicciones o desarrollar una actividad dentro de la iglesia. Cristo no vino simplemente a mejorar nuestra vida ni a hacernos mejores personas. Él mismo es nuestra vida. Y todo verdadero caminar con Dios nos conduce, tarde o temprano, a dejar de confiar en nosotros mismos para aprender a confiar y depender de Él. Esta es la vida que entiendo como una verdadera vida en el Espíritu: caminar con Dios.
Hoy tengo el privilegio de pastorear una iglesia en Bragado, Buenos Aires. Pero antes que cualquier función, título o responsabilidad, me considero un hermano y un siervo de la Iglesia del Señor. Amo la iglesia y amo servirla. No veo ese servicio como algo que me pertenece, sino como una oportunidad que Dios me concede para participar, en la medida que Él quiera, de lo que ya está haciendo en Su Iglesia.
Por esta razón escribo.
No escribo porque considere que tengo algo especial que ofrecer, ni porque crea haber llegado a algún lugar que otros no hayan alcanzado. Escribo desde el camino: desde aquello que he aprendido, desde aquello que todavía estoy aprendiendo y, también, desde aquello que el Señor ha tenido que tratar profundamente en mí.
Muchos de los pensamientos que aparecen en esta página nacen de una convicción sencilla: que podemos saber mucho acerca de Cristo y, sin embargo, vivir muy poco de Cristo. Podemos conocer las palabras, las doctrinas, las formas y las costumbres de la vida cristiana y, aun así, necesitar volver al centro de todo: Él mismo.
Por eso, si algo deseo compartir aquí, no es simplemente información cristiana, sino aquello que pueda ayudarnos a volver a Cristo; a reconocer Su vida en nosotros, a percibir la obra de Su Espíritu, a comprender más profundamente la cruz, a caminar con Él de una manera cada vez más verdadera y a experimentar cada día una medida más de Su luz.
No me interesa construir alrededor de mi nombre una plataforma. Tampoco quisiera que nadie reciba estas palabras porque provienen de un pastor, de un escritor o de alguien que pueda tener algún reconocimiento. Si algo de lo que aquí se escribe tiene valor, quisiera que ese valor pueda encontrarse en Cristo y no en quien escribe.
No pretendo tener todas las respuestas. Tampoco quiero que este blog sustituya la búsqueda personal de Dios, la comunión con la iglesia local y el trato del Espíritu en cada corazón. Sólo quiero compartir aquello que, por la gracia de Dios, he podido ver y aquello que sigo descubriendo mientras camino.
Quizá llegaste hasta aquí porque estás comenzando a conocer al Señor. Quizá llevás muchos años en la iglesia. Quizá estás atravesando preguntas, procesos o incluso el cansancio de haber intentado sostener con tus propias fuerzas aquello que sólo puede ser producido por la vida de Cristo.
Sea cual sea tu historia, quisiera que puedas sentirte aquí como entre hermanos.
No vengo a ofrecerte mi vida como modelo ni mi nombre como referencia. Sólo quisiera compartir contigo algo de este camino que estamos transitando juntos.
Yo también sigo caminando.
Y mientras camino, mi deseo permanece sencillo: conocerle a Él, vivir en Él, vivir por Él y vivir para Él; servir a Su Iglesia y, en todo lo que me sea concedido, ayudar a otros a volver sus ojos hacia Cristo.
Porque, al final, no se trata de mí.
Se trata de Él.
— Julián Ríos, septiembre 2026