Dios esta refinando nuestras expectativas. Muchas veces nuestra esperanza esta errada, y otras veces distorsionada. Necesitamos ver que la esperanza que Dios nos ha dado, no esté siendo abordada por nuestra esperanza. Todo lo que nace de nosotros es altamente corrosivo para el desarrollo de la función que Dios nos asignó en la tierra. Mientras nos mantengamos en una constante perdida del “yo”, la gestión divina, será desarrollada con una precisión creciente. La exactitud aumenta en la medida que nosotros —y todo lo que nace y pertenece a nosotros— desaparece.
Vivimos una temporada en donde hay un fuerte énfasis en aquello que no solo sabemos lo que somos, sino en aquello que mostramos y manifestamos.
Nunca dejaremos de proclamar la victoria eterna de la cruz, pero tampoco dejaremos de manifestarla.