Cuando oramos, no lo hacemos para recordarle a Dios lo que “debe” hacer o darnos. Oramos para que el Espíritu Santo nos recuerde a nosotros Sus palabras.
Muchas veces se pensó y creyó que las visiones espirituales le pertenecían a “personas especiales”; sin embargo nos damos cuenta que la visión del espíritu tiene raíz en las palabras que oímos. Si es nuestro Señor quién nos habla, siempre tendremos claridad; sencillamente porque sus palabras siempre generan visión.