El Lugar Donde Habita La Palabra

Este mensaje basado en Juan 1:1-18 nos lleva a contemplar nuevamente a Cristo, el Verbo eterno: Aquel que crea, ordena y da vida. En tiempos donde el evangelio se diluye y muchos han quitado la mirada del Señor, esta palabra nos llama a volver a Jesús, la Luz verdadera que resplandece en medio de las tinieblas. La Palabra no solo comunica… la Palabra CREA, ORDENA y DA VIDA. Que este mensaje despierte en nosotros el deseo de recibir la Palabra implantada y vivir una fe real, centrada en Cristo y en Su propósito eterno.
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La Cruz Que No Solo Perdona, Sino Que Transforma

Aqui ponemos a disposicion el escrito del mensaje "La Cruz Que No Solo Perdona, Sino Que Transforma". Este mensaje, en la publicacion anterior, esta en formato mp4. A lo largo de los años he escuchado distintas maneras de explicar el sacrificio de Cristo. Algunos enfatizan casi exclusivamente la idea de que Jesús murió para pagar una deuda legal delante de Dios. Otros, en cambio, rechazan totalmente ese lenguaje y prefieren hablar solamente de transformación interior, participación espiritual o victoria sobre el pecado. Pero mientras más leo las Escrituras, más siento que la cruz es demasiado profunda como para encerrarla en una sola definición humana. Te dejo esta reflexión, deseando que puedas pensar y reflexionar conmigo.
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La Cruz Que No Solo Perdona, Sino Que Transforma

¿Jesús en la Cruz... murió únicamente en nuestro lugar… o también para llevarnos con Él hacia una muerte y una vida completamente nueva? En este mensaje profundizamos en una verdad poderosa del evangelio: Cristo no solamente murió por nosotros, sino que también nos invita a morir y resucitar con Él hacia una vida completamente nueva. “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo… así también nosotros andemos en vida nueva.” — Romanos 6:4 Muchas veces reducimos la cruz únicamente al perdón de pecados, pero las Escrituras revelan algo aún más profundo: Jesús no vino solamente a cancelar una deuda, sino a restaurar al hombre, destruir el poder del pecado y formar Su vida en nosotros.
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El Fracaso de Intentar Vencer la Carne con la Carne

Muchos creyentes viven agotados intentando vencer el pecado con sus propias fuerzas, luchando diariamente contra una naturaleza que jamás podrán cambiar humanamente. Pero la cruz no vino para ayudarnos a mejorar el viejo hombre, sino para llevarlo a la muerte juntamente con Cristo y darnos una vida completamente nueva en Él. La verdadera victoria espiritual no nace del esfuerzo humano, sino de creer, permanecer y vivir en la obra consumada de Jesús y en el poder de Su Espíritu.
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Bautizados En Cristo (3) | “El altar: donde todo termina y todo comienza”

En este mensaje profundizamos en una de las verdades más determinantes del Evangelio: el bautismo no como un acto externo, sino como la aceptación de nuestra muerte en Cristo. A la luz de Romanos 6, entendemos que no fuimos llamados a mejorar nuestra vida, sino a llegar a su fin. Hemos sido sepultados juntamente con Él para muerte, a fin de que así como Cristo resucitó, nosotros también andemos en vida nueva. No es una vida corregida… es una vida completamente distinta, cuyo origen está en Él. El altar, entonces, no es un lugar de perfeccionamiento, sino de rendición. Allí no traemos algo para ser mejorado, sino todo para ser terminado. Y es desde esa muerte aceptada que se abre el camino a una vida verdadera.
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Bautizados en Cristo (2): «El camino a la Casa: muerte, altar y bautismo»

Este mensaje nos lleva a entender que: - Cristo es Betel: la Casa de Dios y la puerta del cielo. - Estar en Cristo es estar en la Casa de Dios; fuera de Él, no hay vida espiritual. - Somos llamados a ser piedras vivas, formadas y trabajadas para expresar Su gloria. Pero hay un camino claro: no se entra a la Casa sin pasar por el altar. El altar representa la muerte. No una mejora de nuestra vida, sino su fin. El acceso a Dios no comienza con nuestro esfuerzo, sino con la identificación con la muerte de Cristo. Él abrió el camino con Su sangre, y nosotros participamos de ese acceso al aceptar nuestro fin en Él. El bautismo, entonces, no es un simple acto externo, sino una realidad espiritual profunda: - No es solo el perdón de pecados, es el fin de nuestra vida natural. - Es aceptar que hemos muerto con Cristo y ahora vivimos en Él. - Es dejar de vivir para nosotros mismos, para que solo Cristo sea expresado.
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