Solo por gracia podremos disfrutar la verdadera comunión, la cual no implica ausencia de diferencias, sino ausencia de pecado (ausencia de mis propósitos, mis deseos y mi voluntad).
Conociendo al Espíritu Santo y permaneciendo en su comunión, nos adentraremos al conocimiento profundo De Dios, y de todo lo que él ha dispensado en nosotros, evitando así caer en la apatía, la cual es producida por el vacío de la vida de Dios y la saturación de religión —proceso sin progreso—.
Comunión es perfecta unidad. Comunión es salir de la zona de simulación y ficción; en donde ya nos volvemos incapaces de actuar y fingir la expresión del Evangelio. Solo en la perfecta unidad, el Evangelio se vuelve sustancial y real en nosotros.
El trabajo pastoral que nuestro Señor Jesucristo realiza con Su Iglesia, no solo señala un rescate, sino un cuidado y un envío. Dicha misión solo puede ser efectuada por aquello que fueron traspasados por la cruz, adentrándose a la vida del Hijo, para ser miembros de un cuerpo que muestra la belleza de un Reino inconmovible.
Cuando oramos, no lo hacemos para recordarle a Dios lo que “debe” hacer o darnos. Oramos para que el Espíritu Santo nos recuerde a nosotros Sus palabras.