Bautizados En Cristo (1): “El celo de Dios y la revelación de Su Casa”

Un llamado a discernir qué tipo de celo gobierna nuestro corazón: el que nace de intereses humanos o el que proviene de Dios. A través de la revelación de Cristo como la verdadera Casa de Dios, este mensaje nos invita a volver nuestra mirada a Él, permitiendo que el Espíritu Santo gobierne nuestra vida conforme al propósito eterno de Dios.
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Bautizados en Cristo (2): «El camino a la Casa: muerte, altar y bautismo»

Este mensaje nos lleva a entender que: - Cristo es Betel: la Casa de Dios y la puerta del cielo. - Estar en Cristo es estar en la Casa de Dios; fuera de Él, no hay vida espiritual. - Somos llamados a ser piedras vivas, formadas y trabajadas para expresar Su gloria. Pero hay un camino claro: no se entra a la Casa sin pasar por el altar. El altar representa la muerte. No una mejora de nuestra vida, sino su fin. El acceso a Dios no comienza con nuestro esfuerzo, sino con la identificación con la muerte de Cristo. Él abrió el camino con Su sangre, y nosotros participamos de ese acceso al aceptar nuestro fin en Él. El bautismo, entonces, no es un simple acto externo, sino una realidad espiritual profunda: - No es solo el perdón de pecados, es el fin de nuestra vida natural. - Es aceptar que hemos muerto con Cristo y ahora vivimos en Él. - Es dejar de vivir para nosotros mismos, para que solo Cristo sea expresado.
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Bautizados En Cristo (3) | “El altar: donde todo termina y todo comienza”

En este mensaje profundizamos en una de las verdades más determinantes del Evangelio: el bautismo no como un acto externo, sino como la aceptación de nuestra muerte en Cristo. A la luz de Romanos 6, entendemos que no fuimos llamados a mejorar nuestra vida, sino a llegar a su fin. Hemos sido sepultados juntamente con Él para muerte, a fin de que así como Cristo resucitó, nosotros también andemos en vida nueva. No es una vida corregida… es una vida completamente distinta, cuyo origen está en Él. El altar, entonces, no es un lugar de perfeccionamiento, sino de rendición. Allí no traemos algo para ser mejorado, sino todo para ser terminado. Y es desde esa muerte aceptada que se abre el camino a una vida verdadera.
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