La Obediencia No Grita, Pero Deja Legado
La obediencia no necesita alardear, ni hacer ruido. No busca reconocimiento humano ni protagonismo religioso e institucional. Es silenciosa, íntima, interna… pero poderosa. Se contrapone al ruido de la religión , a las “palabras sin peso”, a las apariencias místicas que no producen transformación.