Cartas De Ayer Para La Iglesia De Hoy

Serie de mensajes basada en Apocalipsis capítulos 2 y 3, donde Cristo mismo dirige siete cartas a las iglesias de Asia Menor.Cada carta revela no solo la condición de aquellas congregaciones, sino también el estado espiritual de la iglesia actual.Estas palabras no son antiguas… son vivas, urgentes y proféticas.

Serie de mensajes basada en Apocalipsis capítulos 2 y 3, donde Cristo mismo dirige siete cartas a las iglesias de Asia Menor. Cada carta revela no solo la condición de aquellas congregaciones, sino también el estado espiritual de la iglesia actual.

Estas palabras no son antiguas… son vivas, urgentes y proféticas.

A través de cada mensaje, Cristo examina, corrige, exhorta y promete recompensa a quienes vencen.

Una invitación a volver al amor primero, a rechazar la contaminación del mundo, a perseverar en medio del sufrimiento, y a mantener la fe firme hasta el fin. El propósito de esta serie: despertar a la iglesia de hoy a vivir conforme a la voz del Espíritu, con fidelidad, santidad y pasión por Cristo.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” – Apocalipsis 2:7

Parte 1: Efeso: «Si No Amas, Mueres»

Parte 2: Esmirna: «Entre La Corona Y La Cruz… Una Iglesia Que No Negocia Su Fe»

Parte 3: Pérgamo: «Una iglesia que resiste al mundo, pero tolera el pecado»

Parte 4: Tiatira: «Entre El Servicio Ferviente Y La Corrupción Silenciosa»

Parte 5: Sardis: «Cuando La Reputación Reemplaza La Vida»

Parte 6: Filadelfia: «Cuando La Fidelidad Pesa Más Que El Poder»

Parte 7: Laodicea: «Una Iglesia Con Mesa Vacía»

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No Apaguen El Espíritu

Podemos seguir congregándonos, sirviendo, predicando y haciendo cosas para Dios, mientras lentamente apagamos al Espíritu Santo en nosotros. En 1 Tesalonicenses 5:19-22, Pablo entrega a la Iglesia cinco imperativos que están profundamente relacionados entre sí: no apagar el Espíritu, no menospreciar las profecías, examinarlo todo, retener lo bueno y abstenerse de toda especie de mal. Este mensaje nos lleva a considerar una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos viviendo bajo el gobierno del Espíritu Santo o simplemente hemos aprendido a vivir sin escuchar su voz? El Espíritu Santo no está ausente en el creyente, pero nuestra desobediencia, falta de dependencia y resistencia a su gobierno pueden restringir su expresión en nosotros. Por eso, una de las maneras de evaluar nuestra vida espiritual no es solamente observar cuánto hacemos para Dios, sino examinar qué está sucediendo con nuestro carácter y con el fruto del Espíritu en nosotros. También hablaremos sobre el verdadero propósito de la profecía: no exaltar al hombre ni alimentar su ego, sino revelar a Cristo, su gloria y su obra, porque “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Apocalipsis 19:10). Finalmente, veremos cómo una vida gobernada por el Espíritu aprende a examinar, discernir, retener lo bueno y abstenerse de aquello que debe dejar atrás. El problema no siempre es aquello que dejamos de hacer, sino aquello que dejamos de obedecer. Que este mensaje nos ayude a recuperar una conciencia sensible a la voz del Espíritu Santo y a vivir bajo su gobierno.
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