La salvación no es repetir una oración ni conformarse con una confesión externa. Es la vida de Cristo en nosotros, transformando nuestro corazón desde adentro hacia afuera.
Hay una pregunta que deberíamos hacernos con más frecuencia delante de Dios: ¿qué estamos alcanzando y qué estamos perdiendo
Podemos acumular conocimiento bíblico, participar en la iglesia, desarrollar dones y realizar muchas actividades espirituales, y aun así estar perdiendo algo esencial en nuestro interior: el sentido de la majestad de Dios, el temor reverente, la profundidad espiritual y la sensibilidad a Su Palabra.
La salvación no es simplemente un momento o un evento en el pasado; es un camino vivo en el que caminamos con Cristo. A través de la obra del Espíritu Santo, Dios nos rescata del poder de las tinieblas, transforma nuestra mente por medio de Su Palabra y nos conduce a una vida de arrepentimiento, negación del yo y obediencia a Su voluntad.
Jesús dijo:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9:23)
Este mensaje es una invitación a volver a la sencillez y profundidad del evangelio: vivir bajo la luz de Cristo, permitir que Su verdad transforme nuestro corazón y caminar cada día bajo el peso glorioso de Su cruz.