Orar En Su Nombre (2): «mas que una petición… una participación»

Esta segunda parte, nos encontramos con una verdad profunda: no toda oración nace del Espíritu. Existe una diferencia radical entre orar en la carne y orar en el Espíritu. A la luz de Efesios 6:18, el apóstol Pablo de Tarso nos revela que la oración verdadera no es un acto mecánico ni una disciplina externa, sino una vida guiada, sostenida y producida por el Espíritu de Dios.

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En este mensaje profundo y confrontativo, exploramos una verdad muchas veces ignorada: Dios no solo responde oraciones… Él forma corazones a través del clamor. Basado en Jeremías 33:3, descubrimos que el clamor genuino nos introduce en dimensiones desconocidas del Espíritu, donde no solo recibimos respuestas, sino también enseñanza divina. No se trata de obtener lo que pedimos, sino de ser transformados en el proceso.
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No Apaguen El Espíritu

Podemos seguir congregándonos, sirviendo, predicando y haciendo cosas para Dios, mientras lentamente apagamos al Espíritu Santo en nosotros. En 1 Tesalonicenses 5:19-22, Pablo entrega a la Iglesia cinco imperativos que están profundamente relacionados entre sí: no apagar el Espíritu, no menospreciar las profecías, examinarlo todo, retener lo bueno y abstenerse de toda especie de mal. Este mensaje nos lleva a considerar una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos viviendo bajo el gobierno del Espíritu Santo o simplemente hemos aprendido a vivir sin escuchar su voz? El Espíritu Santo no está ausente en el creyente, pero nuestra desobediencia, falta de dependencia y resistencia a su gobierno pueden restringir su expresión en nosotros. Por eso, una de las maneras de evaluar nuestra vida espiritual no es solamente observar cuánto hacemos para Dios, sino examinar qué está sucediendo con nuestro carácter y con el fruto del Espíritu en nosotros. También hablaremos sobre el verdadero propósito de la profecía: no exaltar al hombre ni alimentar su ego, sino revelar a Cristo, su gloria y su obra, porque “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Apocalipsis 19:10). Finalmente, veremos cómo una vida gobernada por el Espíritu aprende a examinar, discernir, retener lo bueno y abstenerse de aquello que debe dejar atrás. El problema no siempre es aquello que dejamos de hacer, sino aquello que dejamos de obedecer. Que este mensaje nos ayude a recuperar una conciencia sensible a la voz del Espíritu Santo y a vivir bajo su gobierno.
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